Adentrarse por estos parajes solitarios y maravillosos de las provincias de Cuenca y Guadalajara encima de la moto es uno de los pocos placeres que el fatídico año 2020 me ha permitido realizar y disfrutar a mis anchas. Con la tienda de campaña a cuestas y libre de horarios y metas, solo me he dedicado a conducir, observar, visitar y disfrutar.
Día 1
Saliendo por la N-420, el primer contacto con la soledad de los amplios páramos turolenses llega al desviarnos en Alfambra hacia Santa Eulalia, cruzando por la carretera TE-V-1008, donde es difícil cruzarse con ningún otro vehículo. A ambas orillas de la carretera pequeñas explotaciones ganaderas que a duras penas pueden llegar a ser rentables. Algún pastor con su rebaño mira sorprendido el paso de una moto por estos lares.
En Santa Eulalia volvemos a tener contacto con la civilización, a lo que contribuye el cruce de la autopista mudéjar A-23. Aunque dura poco el bullicio en cuanto ponemos dirección a Pozondón y Bronchales siguiendo la A-1511.
La bonita localidad de Orihuela del Tremedal (tan bonita y pintoresca como su nombre) nos acoge para realizar la primera parada del día y reponer fuerzas en la terraza del bar El Gallo junto a su fuente. Un paseo por las calles permite comprobar que la afluencia de turistas, muy numerosa en otros años por esta época, está muy menguada. Aprovecho también para visitar el Centro de la reserva de caza de los Montes Urales, donde trabajan por hacer sostenible la conservación de tan preciados parajes con la actividad cinegética con su aportación económica vital para la zona.








